Crónicas

+Green

El gusto por el color varía de persona a persona, a unos les gusta el azul, a otros el amarillo o el negro, pero según se ha observado de un tiempo para acá, el verde  ha resultado, entre los matices, el menos beneficiado.

Puede verse ahora como se aprecian más los tonos cálidos que invaden cada día las pasarelas del mundo, lo cual ha ayudado a extender  los tonos tierra. Los colores fríos como el azul tienden a no utilizarse tan claros, sino más bien algo oscuros o turbios, como largos y espesos mantos aplicados a diferentes superficies, pero eso sí, del fresco verde cada vez menos.

No falta quien se haya empecinado en decir que ese color no tiene futuro ante la industria, sacándolo de circulación en extensos sectores diciendo sin miramientos ¡Qué pasado de moda! Mientras muchos de nosotros, silenciosamente, apoyamos esa idea de poner out cualquier matiz de ese pasado verde.

Sí existen aún por allí quienes elaboran anuncios y pancartas en pro de la tonalidad mencionada, pendiendo de rascacielos y transportes un sencillo algodón estampado con un extraño trazo color Green.  Pero si bien en ciertos círculos ha podido calar la idea de que es imprescindible volver a apoyar el uso de este natural tono, no cabe duda que las más afamadas y poderosas plazas están impidiendo que se extienda este estilo, por más que muchos artistas, políticos, entre otros les haya dado por empezar a promocionar esta tendencia.

Queda entonces esperar el próximo lanzamiento de la temporada, pero ¿cuál temporada? Si el traje de otoño ahora lo usas en verano porque éste parece invierno y la ropa de primavera no se sabe cuándo usarla.  Ojalá que mientras nos decidimos si estar o no en consonancia con la moda de la industria, no tengamos que pasar mucho frío, para no tener que decidir si usar las codiciadas pieles, que encantan a muchos pero que seguro se ven mejor cuando las llevan sus verdaderos dueños en algunas recónditas pasarelas verdes.

Roxana Jiménez/ Seminario de Crónicas IPC/UPEL


 

SooFast

Y hoy de seguro no podré almorzar.  En diez minutos empieza una de mis clases así que debo volar desde el trabajo a la universidad para entrar a la primera sesión de dos horas que  al terminar se juntará con otra de dos o tres horas más.  Entre jornadas: una galleta, agua o una bebida azucarada;  sin falta a mitad de tarde el caramelo para no dormirme y aminorar así, hasta la noche, la queja que mi cuerpo empieza a hacerme.

Ayer fue casi igual y mañana, de seguro, más de lo mismo.  Entre las obligaciones que arrastramos y todo lo demás que continuamente hay por hacer, siempre se deja de lado algo ya al parecer nada fundamental: comer, alimentarse bien, al menos una vez  al día.

Si por casualidad  hoy a alguien sí le da tiempo de comer alguito en algún lugar,  entonces  pide rápido, come rápido y vete rápido será el lema imperante;  incluso si se lleva la propia comida desde casa: caliéntala rápido y devórala rápido será lo importante para que pueda seguir haciéndose algo aparentemente más trascendental.  Entonces, no queda otra que dejar para último, para después, esa cosa de comer, total…  queda el fin de semana para, entre las otras miles de cosas por hacer esos días,  al menos consumir un buen alimento en algo de tiempo libre entre el sábado y domingo.

Mientras tanto a seguir preparando todo el material a usar mañana y quizás al final, si me queda algo de tiempo, no olvidar llevar para almorzar, en un pasillo o mejor en el ascensor, al  menos una manzana.

Roxana Jiménez/ Seminario de Crónicas IPC/UPEL

 

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